miércoles, 18 de marzo de 2015

Me gustan las cosas bien frías.

Es la una de la mañana.
Miércoles a la una de la mañana.
A la una de la mañana de marzo de miércoles. 
Queda un rastro de lágrimas en la almohada.
De un martes.
Dicen que extrañan caer en tu hombro.
Al igual que los suspiros extrañan perderse en tu cuello.
Y yo ni siquiera sé que hago pensándote.
Pensar en ti.
Es como pensar en la lenteja que moría en el algodón.
Difícil de comprender con solo mirarte a los ojos.
Incluso me hace gracia que seas versos.
Cuando siempre fuiste prosa mal escrita.
Aunque decías que lo tuyo no era escribir.
Y estar vivo,
era más que suficiente.
Y mi envidia,
era suficiente para que te murieras conmigo.
Y quizá algún dia,
vuelva a encontrarte.
A ti.
Tan vivo como lo has estado siempre.
Que la muerte me ha confesado
que vivir sin tu alma es un invierno en el infierno.
Y yo creo que ella no entiende de estaciones.
Porque tú
serías capaz
de congelarlo.

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