martes, 24 de febrero de 2015

Clink clink

El dolor de cada tic tac del reloj se me clava en el pecho a estas horas de la madrugada. ¿Qué está pasando? No voy a llorar porque no puedo, mi cuerpo ha rechazado cualquier idea que signifique mostrar debilidad, guardando así todo lo que en realidad me afecta y siempre callo. Callar para que nadie se de cuenta que lo que quiero es gritar, gritar cual niña pequeña de cuatro años con sus pataletas. Sabía lo que quería hacer en un futuro hasta que vi que la responsabilidad me debía de acompañarme los próximos cuatro años. Demasiadas cosas le estáis pidiendo a una persona que ha matado a su propia alma, o la está matando, para ser así solo un cuerpo que, como cada mañana, se despierta temprano para aguantar a unas personas que no sé si pretenden enseñar o contar un poco su miserable vida. Algunos también hacen chistes. Si eres subnormal al menos tómatelo con humor.
Ahora me vendréis con que tengo que cambiar y que no puedo seguir así. Gracias, venga hasta que volvamos a hablar, me has solucionado la vida.
He conseguido alejar de mi vida a la gente que me hacía mejor persona, argumentando que sé cuidarme sola y no necesito que nadie cuide de mi.
Eres toda una campeona, de verdad, bravo por ti.
Ahora diré que quiero que alguien me saque de aquí, a ver cuanto segundos tardo en decirle que se vaya.
Se acabó, se acabó la decadencia.
Voy a cuidarme.
Joder, ¿dónde dejé mi mechero?
Buenos días, ¿por qué no estáis despiertos? Si ya son las cinco.

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