sábado, 3 de enero de 2015

Vamos a comprar una libreta.

Solía tener la manía de escribir cada una de las cosas que debería hacer ese día en una libreta.
Y un día me olvidé escribir.
Y al otro me olvidé de escribir.
Y tres meses después me olvidé de escribir.
Y yo pensaba que no me acordaba de hacerlo.
En realidad es que ya no quedaba nada que llenara esas hojas en blanco.
En una de las últimas páginas me corté.
Y entonces las palabras se peleaban por ser escritas, sintiendo como cada una era un paso al precipicio.

Querido mundo:
Hace tiempo que empezó a crecer algo dentro de mí, puedes llamarlo demonio o ángel.
Era el demonio cuando el ángel estaba cansado.
Y era ángel cuando el demonio se daba por vencido.
Últimamente ha pasado a ser demonio, derrotando así al ángel que tanto luchó por quedarse.
A veces duerme, entonces siento un gran vacío.
Vuelve y hace volver con él el odio en mis ojos pronunciándose con mi lengua y saliendo por mi boca.
De verdad mundo, te pido que lo hagas callar.
Me está destruyendo.
Querida libertad:
Hace tiempo que no sé de ti, me preocupa no volver a verte.
Sentirte era lo más bonito de mi vida.
Me has dejado sola y sin vigilancia.
Sé que tengo que salir a buscarte.
Algo me sujeta a esta silla.
Y te juro que voy a matarlo.
Por ti.
Querido amor:
Lo siento, lo siento por mi, siento haberte dado el cincuenta por ciento de este cuerpo.
No hablemos en porcentajes que tú no entiendes de matemáticas.
Eso dice una canción.
Hablemos de las lágrimas que se escaparon de mi y otras que se tuvieron que quedar porque algo aquí dentro es más fuerte.
Era más fuerte.
Siento haberte perdido.
En realidad no lo siento tanto ya que no intenté buscarte nunca más.
Así te pudras en esos amores de adolescentes insensibles.
Querida amistad:
Una parte de ti me ha fallado.
No les eches la culpa que yo también me he fallado.
No me importa.
Me prometo que no va a volver a pasar.
Mira me estoy riendo.
Sigue durmiendo por favor.
A los que están ahí diles que lo siento.
Ya está, solo eso.
Querida tristeza:
Te busco en cada letra, en cada palabra, en cada sonido, en cada plano, en cada secuencia.
Tú siempre apareces.
Y alimentas el caos de aquí dentro.
Si yo soy caos, yo estoy muriendo y si no lo soy, he muerto.

La última página se ha terminado.

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