domingo, 4 de enero de 2015

Caperucita y el lobo.

Era tarde.
Sus ojos solo podían alcanzar a ver alguna estrella y la pequeña luna.
Caminaba por ese largo camino, deseando no encontrarse con nadie.
Hablaba mientras caminaba, recordando cada detalle de aquel día que posiblemente no fuera de los mejores. Había dejado de tener días buenos.
Le gustaba tanto la noche que estaría dispuesta a dormir todo el día.
Y no podía porque el mundo se empeñó en vivir así.
Y mientras caminaba y hablaba pensaba en que quizá, Caperucita no deseaba seguir con el cuento y por eso se metió por el bosque.
Luego el lobo se las lió y no tuvo más remedio que enfrentarse a él.
Y no para salvarse ella.

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