martes, 26 de agosto de 2014

Delirio a bajas horas de la madrugada.

Hace tiempo que no me animo a escribir, y no sé por qué,  tengo tantas cosas que decir, y también tengo tiempo.
Vamos a dejar de hablar de cosas serias.
El vacío se hace insoportable. No estoy vacía, es más, creo que ahora tengo todo lo que quiero, he vuelto a sentir su mirada clavada en mi y he sonreído a un centímetro de su boca. Pero aún así siento un vacío inexistente. Me encantaría ser frágil. Quiero escapar de este cuerpo, y de aquí, y que tú me acompañes. Eres mi compañero de viaje, por siempre.
Me gusta escribir lo primero que se me viene a la cabeza.
Escribo y borro.
Maldita enferma.
No prometo ni juro nada. Ya te aviso que no lo voy a cumplir.
De verdad que me gustaría levantarme y darte un abrazo porque sé que ambas lo necesitamos pero no lo hago. No sé por qué.
Calla, me están matando.
Es quejarse por quejarse. Tengo una vida que se acerca a perfecta.
Pero no me vengas con tus consejos que yo solo quiero desahogarme. Ya está,  dime qué tal te ha ido el día, a cuántas personas has matado, ¿me quieres? Yo te quiero. Mañana es martes, vámonos de aquí pero antes pasemos por casa de mi madre. Necesito dinero.
No te soporto, no te lo digo porque no hace falta.
Saco la foto y luego pido permiso. Hago una copia y te dejo que la borres.
Tú eres tan perfecto, yo soy un lastre de persona.
De verdad que necesito sacarte una foto.
Deja de mirarme, siento tu mirada clavada en mi.
Malditos ojos azules que no me dejan vivir.
Es agosto y llueve. Y me da igual. Vamos a la playa por favor.
Odio la playa los días de sol.
Necesito que vuelvas a estar en mi sofá viendo una película.
Y ahora necesito dormir porque ya tengo sus buenas noches y su te quiero.

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