jueves, 22 de mayo de 2014

Me prometías el cielo cuándo yo ya era feliz en mi infierno.

Necesitaba alejarme, desaparecer sin que nadie preguntara por qué, sin que nadie me siguiese, y aquí estoy, una noche más, finales de primavera o principios de invierno, me atrevería a decir que te echo de menos, que soy una egoísta y que sería capaz de atarte a mi con tal de que no te fueras. Que yo te quiero y me da igual lo que sientas tú. En fin, ya van ser las doce, sigo esperando tus buenas noches, que no van a llegar nunca porque ya es demasiado tarde y tú necesitas dormir, o ya es demasiado tarde porque ya me has olvidado. No, no, me niego a pensar eso. Cada tarde dónde paseaba como una niña pequeña cogida de tu mano por esos parques vacíos, sin risas ni gritos, dónde los únicos ruidos eran tu voz susurrándome que me querias y tu risa al ver mi cara roja. Y ahora dime que has olvidado esas noches dónde me contabas los lunares de mi piel, y me sonreias asegurándome que siempre estarías pegado a mi, que no te gustaba tener frío.Me prometías el cielo cuándo yo ya era feliz en mi infierno. No te culpo por haberte ido, lo raro es que llegases, pero lo más raro es que me llegases a mi tan adentro. Que sólo imaginarme que no volveré a escuchar tu nombre, que te irás lejos y que nadie vuelva a hablarme de ti hace que me falte el aire. A veces tengo la esperanza que piensas en mi antes de acostarte y al levantarte, o cuándo suena esa canción que una vez fue nuestra, o cuándo ves algún cuadro raro que sabes que me encantan, o el olor a café en tus camisas, o alguna de las millones de fotos que guardábamos en un cajón y también tengo la esperanza de que me vuelvas a mirar con esos ojos verdes y tus brazos rodeen mi cintura una vez más, que yo me niego a olvidarte o a intentarlo.
Se me cierran los ojos, y es un día perdido sin ti.

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